Hábitos alimentarios durante la jornada de trabajo y características del entorno laboral en hombres conductores de camiones y en trabajadores de oficina, de la región pampeana de Argentina, octubre del año 2024 / Priscila Baudraco [y otra].

Por: Colaborador(es): Tipo de material: TextoIdioma: Español Detalles de publicación: Rosario (AG) : s. n., 2024.; Diciembre de 2024.Descripción: 51 p. : ilTema(s):
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La alimentación es un derecho incluyente que va más allá de garantizar un mínimo de calorías, proteínas y otros nutrientes específicos. Este derecho abarca la provisión de todos los nutrientes necesarios para mantener una vida saludable y activa, así como los recursos para acceder a ellos. No solo se trata de ofrecer una cantidad mínima de alimentos, sino de asegurar la disponibilidad, accesibilidad y adecuación de estos. La disponibilidad se refiere a la capacidad de obtener alimentos mediante recursos naturales o mercados. La accesibilidad incluye el acceso económico y físico, garantizando que todas las personas puedan adquirir alimentos sin comprometer otras necesidades básicas, y que estos sean accesibles para personas vulnerables. Por otro lado, la adecuación implica que los alimentos deben satisfacer las necesidades dietéticas específicas según la edad, salud y condiciones culturales, siendo seguros y culturalmente aceptables (ONU, 2010). Así mismo, la alimentación va más allá de simplemente proporcionar nutrientes, se construye a partir de hábitos alimentarios, que la Academia de Nutrición y Dietética describe como el conjunto de comportamientos relacionados con la alimentación que se adquieren a través de la repetición de acciones similares. Estos hábitos están influenciados por factores culturales, religiosos, familiares y personales. Incluyen todas las experiencias de la dieta propia de cada individuo, las cuales forman un patrón de consumo y combinación de alimentos (Academia de Nutrición y Dietética, s/f). Además de estos factores, el acto de comer involucra diversos elementos, incluidos los simbólicos, que establecen una red de significados. Los mismos determinan quién tiene acceso a diferentes tipos de alimentos según su clase social, edad y género, por lo tanto, existen diferencias en los alimentos consumidos entre hombres y mujeres. Estas clasificaciones son relativas y varían de una sociedad a otra, reflejando las normas y valores culturales específicos de cada comunidad (Aguirre P, 2016). Una dieta saludable es fundamental para proteger contra la malnutrición y diversas enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer. A nivel global, las dietas insalubres y la falta de actividad física son importantes factores de riesgo para la salud. Es esencial equilibrar la ingesta calórica con el gasto energético, reducir el consumo de azúcares añadidos y reducir el consumo de sal (OMS, 2018).
Nota de disertación: Licenciado en nutrición.Universidad del Centro Educativo Latinoamericano. Facultad de Química. Resumen: La alimentación no solo implica cubrir una cantidad mínima de calorías o nutrientes, sino que debe ser adecuada, accesible y disponible para garantizar una vida saludable, teniendo en cuenta las necesidades nutricionales de cada persona según su edad, salud y cultura. Estos hábitos alimentarios están influenciados por factores culturales, religiosos y personales. El entorno laboral juega un papel clave en las elecciones alimentarias, ya que la organización del trabajo, el tiempo disponible y el acceso a alimentos pueden afectar lo que se consume durante la jornada. Por ejemplo, los conductores de camiones enfrentan horarios irregulares y un acceso limitado a opciones saludables, mientras que los trabajadores de oficina, con horarios más estructurados, pueden verse condicionados a comer en sus escritorios. En Argentina, los patrones alimentarios han empeorado en las últimas décadas, con un aumento en el consumo de productos ultraprocesados, de alimentos ricos en azúcares y grasas y una baja ingesta de frutas y verduras, lo que resalta la importancia de investigar los hábitos alimentarios según diferentes entornos laborales. Con el objetivo de describir los hábitos alimentarios durante la jornada laboral y las características del entorno de trabajo de hombres de 18 años o más, conductores de camiones y trabajadores de oficina, se realizó un estudio observacional, descriptivo y transversal, en la región Pampeana de Argentina, en octubre de 2024. Se usó un muestreo no probabilístico, por bola de nieve. Los datos fueron recolectados mediante un cuestionario autoadministrado en Google Forms de elaboración propia. Las variables incluyeron aspectos sociodemográficos, hábitos alimentarios durante la jornada laboral y entorno de trabajo. La muestra estuvo compuesta por 40 hombres conductores de camiones y 40 hombres trabajadores de oficina. Los conductores tenían entre 22 y 69 años, con una mediana de 46,5 años y su nivel educativo máximo alcanzado era el secundario. El porcentaje más alto de los conductores de camiones trabajaba entre 5 y 6 días a la semana y más de 11 horas diarias. La mayoría de los encuestados realizaba comidas durante la jornada laboral, incluyendo desayuno, almuerzo, merienda, cena y colaciones, siendo el almuerzo la más frecuente. Además, una gran parte no disponía de instalaciones para alimentarse ni contaba con pausas obligatorias.
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Autorizada por sus autoras.

Licenciado en nutrición.

Universidad del Centro Educativo Latinoamericano. Facultad de Química.

La alimentación es un derecho incluyente que va más allá de garantizar un mínimo
de calorías, proteínas y otros nutrientes específicos. Este derecho abarca la provisión de
todos los nutrientes necesarios para mantener una vida saludable y activa, así como los
recursos para acceder a ellos. No solo se trata de ofrecer una cantidad mínima de
alimentos, sino de asegurar la disponibilidad, accesibilidad y adecuación de estos. La
disponibilidad se refiere a la capacidad de obtener alimentos mediante recursos naturales
o mercados. La accesibilidad incluye el acceso económico y físico, garantizando que todas
las personas puedan adquirir alimentos sin comprometer otras necesidades básicas, y que
estos sean accesibles para personas vulnerables. Por otro lado, la adecuación implica que
los alimentos deben satisfacer las necesidades dietéticas específicas según la edad, salud
y condiciones culturales, siendo seguros y culturalmente aceptables (ONU, 2010).
Así mismo, la alimentación va más allá de simplemente proporcionar nutrientes, se
construye a partir de hábitos alimentarios, que la Academia de Nutrición y Dietética
describe como el conjunto de comportamientos relacionados con la alimentación que se
adquieren a través de la repetición de acciones similares. Estos hábitos están influenciados
por factores culturales, religiosos, familiares y personales. Incluyen todas las experiencias
de la dieta propia de cada individuo, las cuales forman un patrón de consumo y
combinación de alimentos (Academia de Nutrición y Dietética, s/f).
Además de estos factores, el acto de comer involucra diversos elementos, incluidos
los simbólicos, que establecen una red de significados. Los mismos determinan quién tiene
acceso a diferentes tipos de alimentos según su clase social, edad y género, por lo tanto,
existen diferencias en los alimentos consumidos entre hombres y mujeres. Estas
clasificaciones son relativas y varían de una sociedad a otra, reflejando las normas y
valores culturales específicos de cada comunidad (Aguirre P, 2016).
Una dieta saludable es fundamental para proteger contra la malnutrición y diversas
enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades cardíacas, accidentes
cerebrovasculares y cáncer. A nivel global, las dietas insalubres y la falta de actividad física
son importantes factores de riesgo para la salud. Es esencial equilibrar la ingesta calórica
con el gasto energético, reducir el consumo de azúcares añadidos y reducir el consumo de
sal (OMS, 2018).

La alimentación no solo implica cubrir una cantidad mínima de calorías o nutrientes,
sino que debe ser adecuada, accesible y disponible para garantizar una vida saludable,
teniendo en cuenta las necesidades nutricionales de cada persona según su edad, salud y
cultura. Estos hábitos alimentarios están influenciados por factores culturales, religiosos y
personales. El entorno laboral juega un papel clave en las elecciones alimentarias, ya que
la organización del trabajo, el tiempo disponible y el acceso a alimentos pueden afectar lo
que se consume durante la jornada. Por ejemplo, los conductores de camiones enfrentan
horarios irregulares y un acceso limitado a opciones saludables, mientras que los
trabajadores de oficina, con horarios más estructurados, pueden verse condicionados a
comer en sus escritorios. En Argentina, los patrones alimentarios han empeorado en las
últimas décadas, con un aumento en el consumo de productos ultraprocesados, de
alimentos ricos en azúcares y grasas y una baja ingesta de frutas y verduras, lo que resalta
la importancia de investigar los hábitos alimentarios según diferentes entornos laborales.
Con el objetivo de describir los hábitos alimentarios durante la jornada laboral y las
características del entorno de trabajo de hombres de 18 años o más, conductores de
camiones y trabajadores de oficina, se realizó un estudio observacional, descriptivo y
transversal, en la región Pampeana de Argentina, en octubre de 2024. Se usó un muestreo
no probabilístico, por bola de nieve. Los datos fueron recolectados mediante un
cuestionario autoadministrado en Google Forms de elaboración propia. Las variables
incluyeron aspectos sociodemográficos, hábitos alimentarios durante la jornada laboral y
entorno de trabajo.
La muestra estuvo compuesta por 40 hombres conductores de camiones y 40
hombres trabajadores de oficina. Los conductores tenían entre 22 y 69 años, con una
mediana de 46,5 años y su nivel educativo máximo alcanzado era el secundario. El
porcentaje más alto de los conductores de camiones trabajaba entre 5 y 6 días a la semana
y más de 11 horas diarias. La mayoría de los encuestados realizaba comidas durante la
jornada laboral, incluyendo desayuno, almuerzo, merienda, cena y colaciones, siendo el
almuerzo la más frecuente. Además, una gran parte no disponía de instalaciones para
alimentarse ni contaba con pausas obligatorias.

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